Formado en la Universidad Nacional de Tucumán, el nuevo director de la Orquesta Juvenil, Erik Luján Berman, nos cuenta sobre los preparativos para el concierto inaugural del 27º Julio Cultural Universitario, su visión artística y el desafío de conducir una orquesta de jóvenes músicos tucumanos.
– ¿Cómo comenzó tu camino en la música y qué te llevó hacia la dirección orquestal?
Mi comienzo en la música fue un poco particular. Había empezado a estudiar en el Conservatorio Provincial de Música, pero al principio no me sentía realmente motivado, así que dejé durante dos años. Con el tiempo fui madurando y apareció la sensación de que la música podía ser aquello a lo que quería dedicar mi vida. Retomé mis estudios con otra convicción y finalmente me gradué en 2016. Durante ese recorrido integré la Orquesta Juvenil de la UNT bajo la dirección del maestro Gustavo Guersman. Allí tuve mis primeras experiencias profesionales en un ámbito de gran exigencia artística, que marcaron profundamente mi formación.
La dirección orquestal despertó mi curiosidad porque me fascinaba la idea de darle forma a la música a partir de una interpretación propia. Me impresionaba la posibilidad de reunir tantas voluntades distintas para construir una única idea artística. Descubrí que el director no solo estudia una partitura, sino que también inspira, escucha y guía a un grupo humano para alcanzar un objetivo común. Esa combinación me atrapó desde el primer momento.
En 2017 me mudé a Buenos Aires para continuar mis estudios de violín y dirección orquestal. Allí tuve la oportunidad de desempeñarme como director asistente de la Orquesta Académica de la Universidad Nacional de las Artes, integrar como violinista la Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional Libertador San Martín dirigida por el maestro Mario Benzecry y, posteriormente, formar parte de su equipo de directores asistentes durante cuatro años. Todas esas experiencias fueron fundamentales para mi crecimiento artístico y profesional.
– ¿Qué experiencias o maestros marcaron más tu recorrido artístico hasta hoy? Tuve la enorme suerte de aprender de grandes maestros y de vivir experiencias muy significativas desde muy joven. Uno de los primeros hitos fue participar del Proyecto Mahler en la Orquesta Juvenil de la UNT. Coincidió con el 30.º aniversario de la orquesta y tuve la oportunidad de interpretar la Primera Sinfonía de Gustav Mahler, una obra monumental, tanto por sus dimensiones, como por sus desafíos musicales.
Fue una experiencia que me mostró el nivel artístico al que podía aspirar una orquesta juvenil cuando existe compromiso y trabajo colectivo. Más adelante, durante mi etapa como director asistente de la Orquesta Sinfónica Juvenil Nacional Libertador San Martín, otro momento inolvidable fue la gira por Japón en 2024. Más allá de la emoción de tocar en la otra punta del mundo, fue una experiencia de enorme aprendizaje sobre la organización de una gira internacional, coordinación, gestión, y la responsabilidad que implica representar a nuestro país. Fue también la concreción de un sueño que llevaba varios años construyéndose. En cuanto a los maestros, cada uno dejó una huella distinta en mi formación.
Mi profesora de violín Emma Valdez, y el Mtro. Gustavo Guersman que me enseñó el valor del trabajo serio y comprometido desde mis primeros pasos. Luis Gorelik fue una referencia fundamental en mi formación como director, ayudándome a desarrollar una mirada más profunda sobre la interpretación musical. Y tanto Mario Benzecry, como Rodrigo González Jacob, me permitieron aprender desde la práctica cotidiana, observando de cerca el trabajo de una orquesta y comprendiendo el rol del director en toda su dimensión, la docente, artística y humana.
– ¿Cómo se prepara la Orquesta Juvenil para la apertura del Julio Cultural Universitario?
La preparación ha llevado semanas de trabajo intenso, tanto de cada integrante como del conjunto. La apertura del Julio Cultural Universitario es un compromiso muy importante para nosotros, por lo que estamos preparando un programa mixto pensado para emocionar al público con obras de muchos estilos y estar a la altura de un evento tan significativo. – Fuiste integrante de la Orquesta Juvenil de la UNT y actualmente la dirigís.
¿Qué significa este cambio de rol para vos?
Es como volver a la casa donde crecí. Conocí la Orquesta Juvenil de la UNT siendo violinista y becario. Allí recibí las primeras herramientas que todavía hoy forman parte de mi manera de trabajar. Me preparó para ser el músico y el profesional que soy actualmente. Volver ahora como director titular representa, antes que nada, un enorme honor, pero también una gran responsabilidad. Tengo la oportunidad de devolver todo aquello que recibí y acompañar a una nueva generación de músicos en su formación. Mi objetivo es mantener esa cultura de trabajo, compromiso, y compañerismo, que siempre caracterizó a la orquesta, y al mismo tiempo seguir creciendo artística e institucionalmente.
– ¿Qué lugar ocupa la universidad pública en tu formación y en tu manera de pensar la música?
La universidad pública ocupa un lugar central en mi historia. Gran parte de mi formación artística fue posible gracias a las oportunidades que encontré en este lugar, donde tuve acceso a excelentes docentes, oportunidades de participar en proyectos de enorme nivel, y espacios para crecer profesionalmente y desarrollar mi vocación docente. Pero además me enseñó algo que va más allá de la música: el conocimiento tiene un valor social, y quienes recibimos esa formación también tenemos la responsabilidad de devolverla a la comunidad. Es el cierre de un círculo virtuoso perfecto. Esa idea influye mucho en mi manera de entender la dirección orquestal. Formar músicos no consiste únicamente en enseñar una obra o mejorar una técnica, sino también en formar personas comprometidas, capaces de desenvolverse con el más alto nivel, trabajar en equipo, y comprender el valor de la cultura como un bien que nos pertenece a todos.
– ¿Qué significado le das al rol de la extensión, acercando la música a la comunidad?
Creo que la extensión universitaria es una de las formas más valiosas y la más visible que tiene la universidad de cumplir su función social. En el caso de la música, no debería quedar limitada a las salas de concierto o a quienes ya tienen un vínculo con ella. Cuando una orquesta sale a tocar en distintos espacios, visita escuelas, barrios, o distintas localidades, genera encuentros que muchas veces representan el primer contacto de una persona con la música sinfónica. Y esos encuentros pueden despertar vocaciones, formar nuevos públicos, o simplemente regalar una experiencia significativa, trascendente, tal como pasó conmigo al ver una orquesta por primera vez acá en Tucumán. Creo que esa capacidad de transformar y acercar la cultura a la sociedad es una de las tareas más nobles que puede cumplir una orquesta universitaria.
– ¿Cuáles crees que son los principales desafíos de dirigir una Orquesta Juvenil hoy?
Uno de los mayores desafíos es encontrar el equilibrio entre la excelencia artística y el proceso formativo. Toda orquesta juvenil tiene que aspirar a ofrecer conciertos de gran calidad, pero sin perder de vista que cada ensayo también es una instancia de aprendizaje. El director debe construir un espacio donde exista disciplina, exigencia y responsabilidad, pero también confianza para que los jóvenes puedan desarrollarse. Otro desafío importante es mantener viva la motivación de los músicos en un contexto donde las posibilidades y los intereses son muy diversos. La orquesta tiene que seguir siendo un lugar donde valga la pena comprometerse porque se aprende, se crece, y se construyen vínculos humanos muy fuertes. – ¿Cómo se trabaja para acercar la música orquestal a nuevas generaciones y ampliar públicos?
Creo que el primer paso es dejar de pensar que la música sinfónica necesita cambiar su esencia para resultar atractiva. Lo que muchas veces necesita es una mejor forma de ser comunicada. Es importante generar programas variados, brindar herramientas para comprender las obras, y aprovechar los medios digitales para mostrar el trabajo que hay detrás de un concierto. Cuando el público entiende el contexto, conoce a los músicos y descubre el esfuerzo que implica cada proyecto, la experiencia se vuelve mucho más cercana. También considero fundamental que las orquestas salgan de sus espacios habituales y busquen nuevos escenarios donde encontrarse con personas que quizás nunca asistieron a un concierto.
– ¿Qué objetivos te propones para esta nueva etapa al frente de la Orquesta Juvenil UNT?
Mi principal objetivo es continuar la consolidación de la Orquesta Juvenil de la UNT como un espacio de formación de excelencia, tanto artística como humana. Quiero que cada integrante siga encontrando aquí las herramientas necesarias para desarrollarse profesionalmente, y que también aprenda los valores que han marcado a generaciones pasadas que hoy están desenvolviéndose en el mundo profesional dentro y fuera del país. Al mismo tiempo, me gustaría ampliar la presencia de la orquesta dentro y fuera de la universidad, fortaleciendo los vínculos con la comunidad y generando proyectos novedosos que permitan llegar a más personas y a la vez sumar nuevas experiencias dentro del espacio de formación.
– ¿Qué te gustaría construir o fortalecer dentro de la orquesta en los próximos años?
Me gustaría fortalecer una identidad artística propia, que el público pueda reconocerla, y con la que los integrantes se sientan identificados. También quiero consolidar una cultura de trabajo, donde la exigencia vaya siempre acompañada por el respeto, la colaboración y el deseo permanente de aprender. La excelencia solo puede alcanzarse si todos estos elementos van juntos. Y, sobre todo, me gustaría que quienes pasen por la Orquesta Juvenil de la UNT, dentro de algunos años, puedan mirar hacia atrás y sentir que este fue un lugar decisivo en su formación, del mismo modo que lo fue para mí.